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Por: Héctor Francisco Torres, Gerente LHH Colombia

Desde la aparición inesperada de la pandemia que nos obligó a afrontar realidades cada vez más impredecibles y ambiguas, el ejercicio del liderazgo impone exigencias inéditas. Mientras nos preparamos para cerrar el año 2023 −que no se ha caracterizado precisamente por su tranquilidad y estabilidad− vale la pena dedicarle tiempo a la reflexión sobre los logros conseguidos en el período que termina, a la anticipación del futuro para identificar con sosiego los desafíos que el nuevo ciclo anual traerá y, más importante aún, a la identificación de las competencias, habilidades y ajustes de comportamiento necesarios para sortearlos con éxito. Esto incluye, por supuesto, la preparación de un plan de acción vivo y dinámico que podamos ir ajustando a lo largo de 2024.

Las transformaciones que vive el planeta nos han enseñado que los problemas que enfrentamos pasaron de ser complicados a tornarse complejos, inéditos e incluso abrumadores. Aunque las soluciones de antaño ya no son extrapolables, si dejan valiosas enseñanzas que nos corresponde capitalizar en aras de robustecer la caja de herramientas que necesitamos para encarar los retos por venir. Por eso la trascendencia de una reflexión objetiva, seria y profunda que no se limite a consignar en los informes anuales los resultados del negocio, sino que incorporen un examen de conciencia sobre lo que, como líderes, hicimos bien y lo que conviene mejorar.

La anticipación del futuro, más que una excursión por los caminos esotéricos de la adivinación es un componente cada vez más importante en los ejercicios de planeación. Nunca ha bastado con pronosticar índices de inflación y tasas de cambio para calcular presupuestos y ahora más que nunca, es imprescindible ir más allá y cavilar sobre aspectos cada vez más relevantes como el impacto de la IA sobre la actividad productiva, la disponibilidad del talento requerido para mantener la competitividad en el mercado, la incorporación del conocimiento de las personas como alimento de la estrategia empresarial, las competencias que los equipos de trabajo deben adquirir para enfrentar los retos organizacionales del futuro, la consolidación de culturas ágiles, o el impacto de los potenciales cambios legislativos sobre las finanzas del negocio, entre muchos otros. 

Desde la perspectiva del liderazgo, resulta de vital importancia complementar el examen de conciencia antes mencionado con la revisión de las habilidades que debemos desarrollar y que usualmente no tienen mucho que ver con el conocimiento sino con el comportamiento. Nuestras destrezas deben evolucionar a la misma o a mayor velocidad con que avanzan las exigencias del mercado y del mundo del trabajo. 

Para este último ejercicio, resulta aconsejable revisar el informe sobre el futuro del trabajo que el Foro Económico Mundial publicó en mayo de este año (https://es.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2023/) y que en su perspectiva sobre las habilidades necesarias para el futuro (skills outlook) nos da luces en cuanto a las prioridades que esa organización internacional encuentra más relevantes. No sorprende encontrar que la lista la encabezan las habilidades cognitivas como el pensamiento crítico y la capacidad analítica, seguidas por la auto eficacia que comprende destrezas como la resiliencia, la flexibilidad, la agilidad, la motivación, la conciencia de sí mismo, la curiosidad y el aprendizaje permanente.¿Cuáles de estas aptitudes debemos fortalecer? Ahí está quizás el mayor desafío porque la respuesta a esta pregunta parte necesariamente de la humildad en la revisión introspectiva y de la capacidad de sacar a flote nuestros sesgos personales, usualmente inconscientes. Acogiendo el espíritu de la temporada, reflexionemos sobre el año que termina, los propósitos para 2024 y el equipaje que necesitamos para navegar el próximo año, concentrándonos en aprovechar las oportunidades traerá.

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